El estruendoso silencio de la realidad

No se necesita “saber de Arte” para que una obra nos guste. Tal vez con menos popularidad que la música, la pintura se incorpora a la definición de lenguaje universal como un dialecto de tonalidades infinitas, donde el matiz de una pronunciación establece la diferencia, la identidad de quien lo expresa.
Aunque sin duda, desde nuestra mirada, ese espacio cromático nos conmueve o, sin contrariar esa emoción, nos atrae desde un lugar menos interactuante. La obra de Beatriz Rodríguez Gauna nos provocó el estremecimiento, angustiante, de estar ante una sucesión de ventanas por las que empezamos a ver la realidad que sus pupilas metaforizaron, un mensaje tan secreto como evidente para quien no se niegue a leerlo. Angustia por el gozo que sacudió la calma de nuestra cotidianeidad, tan emparentada al inasible campo de Thanatos para impulsarnos a la vida.
Beatriz nos transmite, sin interferencias más que nuestra inicial negación, la vitalidad de un grito pendiente en cada tela, el reclamo incisivo, tal vez el camino que la molicie no nos permite recorrer. En su obra está presente “el Otro”, no ya quien, con esa pasividad emocionada se estremece ante cada cuadro sino aquel aludido, si bien presente y ostensivo, que es como el eco de ese grito, a la vez que origen del mismo.
No conocíamos, personalmente, a Beatriz Rodríguez Gauna, pero nos la imaginábamos una mujer de personalidad tan fuerte como sus obras, tan culta como la finura con la que traza las pinceladas que conforman esa trama de colores que dan vida a formas aparentemente estáticas. Nos encontramos en el Centro Cultural Borges, con una mujer que contrastaba, tal vez por esos “modelos incorporados” de la sociedad que nos contiene, con sus obras. De una calidez mundana, de modales habituados a las tazas de té Victorian y copas de Baccarat, y a las tertulias sociales donde el exquisito vino del Père Pérignon cosquillea en las narices femeninas y aligera el ánimo de los caballeros.

 

Como si parafraseara a lo que los señores jueces deberían actuar, Beatriz charla con Magazine pero recalcando que su decir se lee en sus cuadros: “Hablo por mis obras”, como, agregamos, deberían hacerlo todos los artistas plásticos entre los que ella, Rodríguez Gauna, ocupa un lugar preponderante.

 

Su CV es extenso tanto así como los premios obtenidos en distintas muestras y exposiciones, de cuya referencia damos cuenta aquí.

 

 

Entonces, aceptando la atipicidad aparente de este reportaje por voluntad de nuestra entrevistada, he aquí parte de la prolífica producción de Beatriz Rodríguez Gauna. Esto sí: la selección de las obras es nuestra única y total responsabilidad…

 

Fuente: MAGAZINE